Thursday, March 02, 2006

Sólo ustedes


Ustedes conocen los terrenos misteriosos.
La imagen para Uds no es tan esencial y sí es necesaria al mismo tiempo.El juego de las miradas cómplices banco a banco de secundaria o los cómplices también juegos en extraños paisajes.
No juzgan como nosotros,desnudan el alma de otra forma más clara,más elemental y absoluta.
El juego dispersa lo cíclico del pensamiento social: muestro mi cara, muestro mi mirada para ustedes - y, ésos ustedes que somos nosotros que desgarbamos letras y textos - no nos apiadamos para nada de sus miedos.
Los sometemos a nuestros designios,los absolvemos si cumplen con nuestros parámetros.
benditos sean entonces los que creen en sí mismos.

de ellos será,la gracia de sentirse extraños en un mundo de iguales repetidos.
de ellos será,el placer de romper con el código de barras.

Monday, January 23, 2006

Sacarlos de la pared

arriba arriba que los quiero arriba: abriendo la cabeza y saliendo de la pared.Uno,dos,tres,cuatro...asesina de gatos.
Arriba,que no te aplasten,que no te calmen la bronca,que no te amurallen las ganas.
La rueda gira y también gira para otro lado.
Otro ladrillo en la pared y uno se muere de frío y de lágrima...y... yo los quiero tanto!.

El lunar de Viviana


Cuando la Luna se acuesta en el río de Olivos y los barcos quietos mueven los mástiles al compás pausado del viento de Noviembre,hay miles de almas que se lo pierden.He caminado tanto por este muelle desde chica que conozco cada minuto en que ella,soberana y blanca,aparece para las bocas que se besan por los bordes del água.
Viviana caminaba conmigo alborotando ojos verdes de gata y pelo hasta la cola.Flores era de apellido y creo,nos habían acostado en las mismas cunas nos decían las viejas de ambas.
Compañera en tallas a bancos de secundaria y grande loca que reía -a la Luna de Olivos-, en cada noche en que nos recostábamos en los bancos, a contarnos el sábado a la salida de Magic.Tejido rústico,a punto cruzado y colorido,de los besos dados a escondidas y de las manos rápidas que no se esquivaban en los amplios sillones que daban a la Avenida.
Un primer Kent compartido para el rouge adolescente que nos apuraba la boca y una Viviana que el tiempo no corrió de al lado mío.El tiempo que se ocupaba en crecernos las tetas,amarraba a la música eterna de nosotras dos en todo; compartimos hasta la locura -es claro-.
Por todo camino que veo en la distancia,era Viviana la magia.Y era la risa de Viviana.Flores era el apellido, nos habían acostado en las mismas cunas y nos separamos después en distintas camas.
De Viviana tengo el aroma.Era la Luna de Olivos y Vivi corriendo sola,hacia la nada.
Un mal amor de ésos que duelen en los huesos,arrinconan mal la cabeza y hacen tropezar la inteligencia armaron para Vivi un par de collares de pastillas de colores y dura nieve.
Y era la Luna de Olivos y Viviana a la rastra.Un par de lágrimas largas larguísimas hasta la ventana que te guarda y una Luna que por estar encerrada,es rara.
El tiempo nuevamente que se ocupaba antes de nosotras,disparó hacia una de las dos solamente y es ella,ahora la que llora los domingos de visita cuando ve llegar L&M y fotos muchas fotos de mi mano y a mi Viviana.
La locura es un camino extenso,sin barandas de agarre,sin pasamanos de ajuste y la Luna de Olivos lo sabe ; todos somos colores nocturnos para Viviana.
Hay almas que se merecen cuentos.
Y éste,es para ella.

El primer sexo

A los dieciséis ya cumplidos en Julio,fue cuando le pidió fotos de su cuerpo.Quería que se sacara fotos para él y,en una cabina de Kodak de la estación de Retiro entre olor a sudor y tierra,mientras la ciudad despertaba en Agosto,ella se desnudó para su amor.
Cuando se vió por el pequeño espejo que estaba pegado a la pared de la cabina,ella sonrió;su mejor corpiño le agradaba,sus piernas también.El la esperaba afuera con el agrado de espiar por la cortina pesada de terciopelo violeta,la pollera gris de La Merced y las medias bordeaux de la condena.
No tuvo paciencia de sostener los libros de ella y la regla T de él.Por entre los pliegues de la estación dormida y en un jueves con olor a rabona,ella le entregó su boca abierta de chiclé Bazooka.Y fue el dolor primero y el grito atravesando la sirena de Retiro /Tigre.
Rodillas en madera dura y trenza larga.El palo de hockey apoyado en el suelo y la mano de él curiosa y mojada.
Estoy lejos de casa y ahora debe ser la hora del recreo en el patio.Me duele,no me lastimes.
Una lengua recorrió su espina y en un fugaz recorrido de luces,un hilo de sangre fino recorrió su pierna derecha.Las fotos estaban borroneadas.Sólo se ven mis rodillas,no me gusta. - dijo ella.-Me alcanza,estás linda.- dijo él.
Y por un eterno alboroto de barriletes,se amaron hasta el segundo año de Letras.

Los locos solos


Elvirita la del río,camina con su pelo ensortijado entre los tablones del muelle de la costa.De ella se cuentan historias extrañas pero a ella,poco le importan los decires.
Una vez apareció por la parrillita del muelle con un pájaro entre las manos y dice,se duerme con él en los pliegues del anfiteatro de la costa.A Elvirita la mirada se le pierde en volutas de Parisiennes y,con la remera negra anudada en verano a la cintura y el polerón verde hasta las rodillas en invierno,siempre huele a viento del Norte.
Ríe Elvirita cuando ve hombres altos y rubios.La boca le tiembla de rouge rosa de furia y,por las manos de uñas comidas y rojas,un destello de caricias de antes le come la mirada.Es bella Elvirita y ha sido la más bella de Olivos y de la Libertador.
Quizás entonces el vidrio que mordía era fuerte y sin mezcla ni corte y,un poco de pastillas en la cartera de yute,eran los compañeros que la ensombrecían cuando recordaba a su amado entre las arenas que ya no están en Bartolomé Cruz y el río.
En Playa Dorada,ahora escalonada de madera para músicas de verano,Elvirita desgranaba mostacillas entre rocanrroll y porros.Y su compañero acariciaba la panza amplia que asomaba desde la bambula de flores.
Cuando iba yo a mi último año de estudios y,acollarada al escape en bandada de la clase de Física enfilaba hacia el río,Elvirita crecía entre colores y pelos raros.A Elvirita le crecía cada vez más la panza.Y Elvirita era un mediomundo.
Un día dicen que la encontraron entre las alambradas que dan al Club de la Costa llorando y llena de poco amor.Al rubio rulo que la amaba en tardes de cerveza y guitarras un policía le había disparado por la espalda cerca del bar ,confundiéndolo en un robo que no fue.Y a Elvirita,que dicen se murió de pena y de pastillas,el vientre le parió un varón escaso y liviano con el corazón apagado de latidos.
Todos cuidaron a Elvirita en las madrugadas y,con cama abierta a las estrellas y entre chapones de bar de panchos,ella esperaba con esa sonrisa de antes de que se fuera,los nueve meses acompañados.

A veces,cuando las estrellas en el río están pegadas y no se van nunca; miro a Elvirita.Ella camina con un muñeco que le regalaron.Ya no tiene el pájaro que cargaba entre los brazos y el tatoo de su muñeca es de me quise morir.El pelo es ahora largo larguísimo como la espera de el que nunca volvió y las manos de Elvirita no prepararon mamaderas.
Son palomas que tiemblan en el aire y se estrechan en un namasté nepalés pìdiendo cigarrillos a quienes le pasen por al lado.
Ya no hay mostacillas en el cuerpo de Elvirita y de los restós de la costa,las meseras acercan por la puerta de atrás - cómo si Elvirita no entendiera de puertas cerradas - la cena que ella,en ceremonia de dos,comparte en la baranda del río quién sabe con quién que ha llegado a visitarla de lejos.Pero ríe Elvirita ahora y habla sola.Y un beso le calma la boca y una caricia de antes le sirve en amoroso gesto.Elvirita está cenando acompañada,bajo la luna de Olivos.